Niños soldados, infancias truncadas

El 12 de febrero es el Día internacional contra el uso de niños soldados, así que queremos hacer un análisis de la situación actual, y de cómo esta práctica afecta a los derechos más fundamentales de la infancia.

Ningún niño debería disparar un arma

Ningún niño debería encargarse de vigilar en entornos altamente peligrosos

Ningún niño debería ser usado como detector de minas antipersona

Ningún niño debería fabricar bombas

Ningún niño debería ser explotado

Si bien, las cifras oficiales hablan de la existencia de 300.000 niños soldados, la realidad es que es imposible conocer a ciencia cierta la cantidad de niños que son reclutados como niños soldados en el mundo. Sin embargo, según publica Europa Press en una noticia reciente, los casos verificados de reclutamiento se han triplicado desde 2012. Esta estimación es relativa, ya que se basa en los datos verificados, pero no en totales. No obstante, sí puede ser síntoma de un aumento.

Según indica Naciones Unidas, son 17 el número de territorios en los que se lleva a cabo esta violación de los derechos humanos: Afganistán, Colombia, Filipinas, India, Irak, Israel y Territorios Ocupados Palestinos, Mali, Nigeria, Myanmar, Siria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Tailandia y Yemen.

Las niñas y niños soldados captados por grupos armados se ven obligados a vivir la guerra de verdad, convirtiéndose en combatientes involuntarios. Muchos de ellos acaban en la línea de combate. Otros son obligados a dar apoyo mediante otras tareas, ejerciendo como cocineros, guardaespaldas, mensajeros, para realizar ataques suicidas, etc. Este reclutamiento es ilegal y supone una grave violación de los derechos de la infancia.

Niña y reclutada

Aunque parece menos visible, las niñas también son reclutadas. La ONU publicaba en 2017 que el 34% de los menores reclutado en la República Centroafricana eran niñas, y en Nigeria eran el 32%. Aunque ellas no son mandadas al frente, suelen ser usadas como esclavas domésticas o sexuales, o como terroristas suicidas.

Muchos de ellos son secuestrados, o coaccionados para enrolarse. Otros, deciden hacerlo por su propia cuenta, ya que lo consideran una salida a la pobreza extrema, o a la inseguridad. La milicia, les proporciona un medio de vida, comida y protección.

Salir adelante

Mientras el niño está ligado a un grupo armado, es testigo y víctima de terribles actos de violencia. Esto pueden provocarle traumas emocionales difíciles de superar. Sin duda esta experiencia rompe la vida del menor y viola su derecho a tener una infancia en paz, libre de violencia, en libertad, y en la que desarrollarse en condiciones de bienestar.

La lucha contra este tipo de explotación es muy complejo y requiere el compromiso de toda la sociedad. El reto no está solamente en rescatar a los menores de los grupos armados. También en devolverles a su vida normalizada, ayudarles a superar el trauma generado en la guerra, devolverles sus oportunidades de futuro a través de la educación, y ofrecerles un entorno seguro para su recuperación.

 

Foto: Brian C.H.