¿Qué te gustaría ser de mayor?

Por Gabriel Díaz, responsable de publicaciones de Global Humanitaria

20 de noviembre, Día Internacional del Niño. Recuerdo que hace pocos meses, mientras entrevistábamos a la reportera Rosa Ma. Calaf para nuestra revista Global, ella nos contaba que en una de sus experiencias en un campo de refugiados, un colega le preguntó a una niña: “Y a ti, ¿qué te gustaría ser de mayor?”.

Rosa Ma. explicó que la niña se quedó muda, sin saber qué responder. La reportera tenía su teoría: la niña sabía que nada habría del otro lado, eso que llamamos “futuro”. Pero también podemos reflexionar por otra vía y  preguntarnos: ¿por qué los periodistas o presentadores occidentales en lugar de ponerse en la piel del otro tienen el hábito -tan poco acertado desde mi punto de vista- de preguntar qué se quiere ser de mayor?.

No hay en esto mala intención, desde luego que no, pero sería interesante detenerse a pensar qué puede haber en la cabecilla de un niño que tiene hambre, vive en la calle, por la noche pasa frío o rodeado de moscas en un basural. ¿Qué quiere ser de mayor? Pues seguramente un niño que vive en esas circunstancias extremas no tenga la más mínima idea. Sin embargo, los periodistas insisten e insisten, como una fijación.

Así es: se insiste  en lugar de ocuparse del presente que es lo que más importa, un presente que puede mantenerse sin cambio alguno durante toda la vida. Muy al contrario, nos empecinamos en escuchar: doctor, profesor, cantante…Amigos, los niños, sobre todo los más pequeños, tienen “sueños” cuando sus necesidades básicas están cubiertas: comer, dormir, estar protegido del frío y ser mimado y protegido por alguien.

Luego de comer, dormir, abrigarse y recibir afecto, tal vez venga la escuela y luego sí, adelante, señores periodistas o presentadores, desahogaos, completad vuestro reporte con la infaltable pregunta: “y tú, ¿qué quieres ser de mayor?”. Esto que os comento aquí no es más que una reflexión, luego de escuchar hasta el hartazgo a colegas que lanzan esta pregunta a niños soldados de Sierra Leona, víctimas del genocidio ruandés, palestinos sin casa, camboyanos trabajadores o colombianos viviendo en medio de la basura

No les quitemos el derecho a soñar, démosles primero lo que necesitan para vivir y crecer saludablemente.