Por una ley integral para prevenir la violencia contra los menores

Esta semana ha tenido un comienzo crudo, debido a la aparición del cuerpo pequeño Gabriel. Estas noticias sacuden a la sociedad y nos hace difícil creer que alguien pueda hacer daño a un ser inocente e indefenso. Pero la realidad es que Gabriel no es el único niño que ha fallecido en nuestro país a manos de alguien de su entorno más cercano.

A pesar de sentirnos en un país seguro y privilegiado, donde no hay conflictos armados, la realidad es que, según denuncia Save the children, desde 2012 son más de 100 niños los que han muerto por causas violentas. Sólo en 2016 se interpusieron 37.495 denuncias por delitos violentos contra menores de edad, pero estos datos no son reales, porque estos casos no se detectan con facilidad, y los niños y adolescentes no siempre son capaces de denunciar, bien porque la agresión procede de su entorno más cercano como el hogar o la escuela, bien por miedo, o porque simplemente no son capaces de verbalizar lo que les está pasando.

La impunidad de quienes ejercen la violencia y la frecuencia con que se comete puede llevar a que las víctimas consideren que la violencia es normal. En esas ocasiones, la violencia se disimula, y esto hace que resulte difícil prevenirla y eliminarla.

Se estima que la mitad de los abusos sexuales que se dan en nuestro país se ejercen sobre menores, y este no es el único peligro. Como hijos, también pueden ser víctimas de la violencia de género dentro del hogar. En la escuela los datos de bulling son cada vez más visibles, y según el Registro Unificado del Maltrato Infantil, que depende del Ministerio de Sanidad, más de 13.000 niños sufren malos tratos por parte de algún familiar o cuidador.

La violencia puede provocar en los menores una serie de consecuencias y secuelas devastadoras, como puede ser la dificultad de aprendizaje, depresión, comportamientos violentos y antisociales, abuso de estupefacientes, precocidad en la iniciación sexual y hasta el suicidio.

La violencia durante la infancia deja una cicatriz imborrable en la vida del menor que le puede condicionar en su desarrollo, y es que cualquier tipo de violencia se debe condenar, pero en el caso de los menores, es especialmente peligroso, ya que les puede condicionar durante todo su desarrollo hacia la vida adulta. Los niños tienen derecho a sentirse seguros y libres en sus hogares y escuelas.

Una ley para erradicar la violencia contra los menores

Por todos estos motivos, que nos tocan más cerca de lo que pensamos, hay un movimiento ciudadano liderado por la ONG Save the Children, que exige al Ejecutivo que saque adelante la ley para la erradicación de la violencia contra la infancia. En esta ley se recogerían medidas de prevención y protección para los menores, haciendo hincapié sobre los colectivos más vulnerables; recogería la necesidad de dar formación especializada a los profesionales que tratan directamente con los menores; la suspensión de visitas de padres maltratadores, y otro tipo de protocolos para combatir el acoso y el maltrato.

En septiembre de 2017 se aprobó una propuesta no de ley apoyada por todos los grupos parlamentarios en la que se unían fuerzas para prevenir la violencia contra los menores y para atender a las víctimas. No obstante, para este 2018 no hay ninguna previsión de crear una ley estatal con este objetivo.

Por ello, nos unimos a esta causa, y reclamamos la protección de los menores bajo cualquier circunstancia, porque los derechos del niño y la niña también son derechos humanos, y no podemos permitir que las personas más indefensas y vulnerables de nuestra sociedad, queden irremediablemente afectadas por unas agresiones que deberíamos ser capaces de prevenir y evitar.