Una buena economía para una buena sociedad

Por Roberto Ballester,  fundador y CEO de Felidarity

Poca gente discute hoy en día el papel tan relevante que la economía juega en nuestras sociedades desarrolladas. Es verdad que a veces de forma exagerada, pues casi cualquier ámbito social (salud, política, bienestar, etc.) acaba pasando por el filtro económico, como si todas nuestras acciones y decisiones necesitaran de la aprobación del modelo de racionalidad económica imperante.

Con esta visión más o menos crítica, lo que sí parece evidente es que para construir una buena sociedad necesitamos una buena economía. De hecho, aunque a veces parece que la realidad económica vaya por un camino diferente, esa es la finalidad de la economía: ayudar a generar una buena sociedad.

post-blog-1Seguramente, el fracaso en la búsqueda de este fin de la economía es lo que está detrás del surgimiento de las nuevas propuestas económicas, que necesitan añadir adjetivos a la economía para dejar patente que ellas sí que incorporan ese interés por generar un impacto positivo en la sociedad.

Bajo este prisma encontramos hoy propuestas como la economía solidaria, la economía colaborativa, economía social, economía circular, economía del bien común, economía verde, economía azul, y un largo etc.


Si tomamos una de estas propuestas de economía, la que hoy conocemos como economía colaborativa, podemos encontrar ya datos relevantes que nos ayudan a ver la dimensión que ésta alcanza. Según el estudio que realizó PriceWaterhouseCoopers, Assessing the size and presence of the collaborative economy in Europe, la economía colaborativa en Europa supuso en 2015 unos ingresos de 3.600 mill. €, con una evolución realmente espectacular en tan solo 3 años.

post-blog-2Otro dato relevante en relación a esta propuesta de economía colaborativa lo encontramos en el estudio que también realizó PwC, Sharing Economy, en el que se analiza la perspectiva del consumidor estadounidense en relación a este asunto. Un dato realmente significativo es que el 19% de la población adulta de los EE.UU. ya ha usado esta economía compartida o colaborativa.

En síntesis, todas estas propuestas tienen en común volver a situar la economía como una actividad que, como lo era históricamente, integra una propuesta ética, rompiendo así con la idea de que ética y economía son como el agua y el aceite, imposibles de mezclar. En definitiva, poner en acción los valores éticos también en el mercado.

Esa es, precisamente, la propuesta de CitiCents, el redondeo solidario: situar los valores éticos en la interacción que las empresas y sus clientes llevan a cabo. Esto lo hacemos, en primer lugar, ayudando a las marcas y las empresas a visibilizar con sus clientes la solidaridad que éstas ya están llevando a cabo. Es decir, integrando esta solidaridad en el momento de la venta. Y, en segundo lugar, facilitando a los clientes de estas empresas una conexión sencilla, accesible y asequible con la solidaridad que haga posible integrar pequeños gestos solidarios en la vida diaria de las personas.

Todo esto con una única finalidad: desarrollar una nueva fuente de financiación solidaria que canalice pequeños gestos solidarios de millones de personas para ayudar a llevar a cabo los proyectos que las ONG ponen en marcha.