La severa crisis del agua en India expone a las grandes ciudades al Día Cero

La sequía y el cambio climático están afectando de manera severa a India. Diez de los veiticinco estados que conforman el país, llevan dos décadas lidiando con la escasez de lluvia, pero este déficit se ha multiplicado por tres desde 2015, según los datos recogidos por la Oficina Meteorológica de Odisha.

En India casi 163 millones de personas no disponen de agua limpia cerca de sus hogares, según la ONG WaterAid. Ahora se enfrentan a un inminente Día Cero, en el que no habría agua para dar suministro de agua corriente a las grandes ciudades.

La crisis del agua en India se ve agravada por varios factores determinantes. Por un lado se trata de una población en crecimiento demográfico y económico. La población poco a poco se va trasladando a las zonas urbanas donde se amplía la brecha entre la oferta y la demanda de agua.  A su vez, en este momento el PIB de India crece anualmente un 8%, lo que conlleva una mayor demanda de energía, de materias primas y por supuesto de agua. De esta forma, la escasez de este bien necesario aumenta al mismo ritmo que se desarrolla la economía.

Pero hay más causas. La agricultura, que sigue siendo el medio de vida de muchas personas, consume grandes cantidades de agua. Los agricultores tratan de mantener sus cultivos con aguas subterráneas, pero el subsuelo también se seca. A pesar de los esfuerzos que invierten, muchas veces se endeudan para salvar unas cosechas que no salen adelante, y en los últimos años, según datos recopilados por la Universidad de California, una media de 130.000 agricultores se suicidan cada año, al no encontrar una salida para su futuro.

El impacto del cambio climático, en forma de sequía o inundaciones torrenciales que arrasan la tierra, unido a la pobreza, a unas deficientes infraestructuras, y en ocasión a la contaminación, forman un panorama crítico, que dificulta la vida de las personas e intensifica los conflictos sociales, a un nivel local y también internacionales, cuando la gestión de recursos es compartida.

Este contexto es siempre más peligroso para la población más vulnerable. En cuanto a los niños, hace dos años, el premio Nobel de la Paz indio, Kailash Satyarthi, pedía públicamente al primer ministro, Narendra Modi, que tome medidas para proteger a 163 millones de niños en situación de vulnerabilidad por la grave sequía en el país.

La ONG liderada por Satyarthi, ha detectado que, en los estados más afectados por la sequía, habían aumentado el trabajo y el matrimonio infantil, así como la desaparición de niños, que en 2014 contabilizó 36.000 niños en paradero desconocido y en 2015, 67.000.

La pobreza, y la falta de recursos básicos provocan inseguridad alimentaria, hídrica, riesgos para la salud y graves problemas sociales, que en muchos casos llevan a la población a migrar en busca de nuevas oportunidades. La escasez de agua en India es grave, pero se estima que para 2030, podría quedar en el 50% de la demanda según las previsiones del Banco Asiático de Desarrollo.

Por ello, para frenar la inestabilidad social que causa la sequía, habría que tomarse muy en serio el objetivo 6 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Será necesario centrarse en garantizar los suministros esenciales para la vida, y en el caso del agua, la solución podría pasar por emprender políticas que mejoren las infraestructuras, poner en marcha la captación de agua de lluvia, y el reciclaje y reutilización de aguas residuales.

 

Fotografía: Dan Gold