Semana Mundial de la Inmunización: reclamar el acceso universal a las vacunas

Con el objetivo de fomentar el uso de las vacunas para proteger a las personas de cualquier edad contra diversas enfermedades, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra del 24 al 30 de abril la Semana Mundial de la Inmunización. Esta campaña se engloba dentro del Plan de Acción Mundial de Vacunas (GVAP); respaldado por los 194 Estados miembros de la OMS en la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2012, que se fijó como objetivo evitar millones de muertes en 2020 a través del acceso universal a las vacunas para las personas en todas las comunidades.

Se estima que cada año las vacunas evitan entre 2 y 3 millones de muertes y actualmente protegen a los niños frente a enfermedades para las cuales ya existen vacunas desde hace muchos años, como la difteria, el tétanos, la poliomielitis o el sarampión. Precisamente el Doctor Amós García (jefe de sección de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública de Canarias y presidente de la Asociación Española de Vacunología) señala que “uno de los grandes problemas de las vacunas es precisamente su éxito, que ha hecho posible que no convivamos hoy con enfermedades frecuentes de hace dos o tres décadas. Hay que recordar que contra las enfermedades transmisibles nunca se puede bajar la guardia. Tenemos que seguir vacunándonos aunque ya no las vemos en nuestro medio, para evitar el riesgo de que vuelvan”.

También las vacunas son eficaces frente a otro tipo de enfermedades, como la neumonía o la diarrea por rotavirus, dos de las principales causas de muerte en menores de 5 años. Gracias a nuevas vacunas, los adolescentes y los adultos también pueden protegerse frente a enfermedades potencialmente mortales, como la gripe o la meningitis entre otras.

Sin embargo, según datos de la OMS, 1 de cada 5 niños todavía no son vacunados: en 2013 se calcula que 21,8 millones de lactantes no recibieron vacunas que podrían salvarles la vida. Esto se produce por el suministro insuficiente de vacunas, la falta de acceso a los servicios de salud, la escasez de información exacta acerca de la vacunación y el insuficiente apoyo político y financiero.

¿Y qué ocurre además cuando no hay una vacuna específica para tratar una determinada dolencia? Este es el caso de la malaria o paludismo, cuyo Día Mundial se celebró el pasado 25 de abril y que en 2013 causó cerca de 584.000 muertes sobre todo en niños africanos. Hoy por hoy, la vacuna contra el paludismo es objeto de evaluación mediante un gran ensayo clínico que se lleva a cabo en siete países africanos y se ha presentado a la Agencia Europea para la Evaluación de Medicamentos para una revisión regulatoria. Se prevé que la OMS formule una recomendación acerca de si la vacuna debe incluirse entre los medios de lucha antipalúdica a finales de 2015.
Aunque se trata de una enfermedad prevenible y curable, es potencialmente mortal. El paludismo o malaria está causada por parásitos que se transmiten al ser humano por la picadura de mosquitos infectados. Sólo uno de cada cinco niños africanos con malaria recibe un tratamiento eficaz para la enfermedad, a pesar de que tres cuartas partes de las muertes por esta enfermedad se da entre los menores. Además, 15 millones de mujeres embarazadas no reciben ni una sola dosis de los fármacos preventivos recomendados y cerca de 278 millones de personas en África todavía viven en hogares sin mosquiteras.

De momento, el doctor Hiroki Nakatani, responsable de malaria de la OMS, aboga por que los Estados pongan en marcha medidas de prevención y pruebas de detección de la enfermedad y apliquen el tratamiento necesario “para reducir el sufrimiento y las muertes causados por la malaria”. La OMS recomienda que se realice la prueba de diagnóstico rápido para todos los casos sospechosos de malaria y que se actúe lo antes posible si el resultado es positivo.

Por su parte el doctor Pedro Alonso, director del Programa Mundial contra la Malaria de la OMS, asegura que “avanzar hacia la eliminación de la malaria requerirá un alto nivel de compromiso político y una importante financiación, que incluye nuevas inversiones en la vigilancia de la enfermedad, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la investigación. Además, necesitamos urgentemente nuevas herramientas para hacer frente a la resistencia a los insecticidas”.

Aproximadamente la mitad de la población mundial corre el riesgo de padecer paludismo. Aunque la mayoría de los casos y de las muertes se registran en el África subsahariana, también se ven afectadas Asia, Latinoamérica y, en menor medida, Oriente Medio y algunas zonas de Europa. En 2014 el paludismo estaba presente en 97 países y territorios.
Y como en el caso de otras afecciones, los habitantes de los países más pobres son los más vulnerables a la enfermedad. Ya existen instrumentos eficaces para prevenir y tratar el paludismo, pero se necesitan de forma urgente más fondos para ponerlos a disposición de las personas que los necesitan y para luchar contra la resistencia a los insecticidas y a los fármacos.