Refugiados seguros, migrantes con derechos

Cada vez más personas llaman a las puertas de Europa buscando refugio. Nunca han dejado de llegar, pero el aumento en el número y la cobertura de los medios de comunicación lo han situado, por el momento, en primera línea del interés ciudadano.

En los últimos 15 años más de 25.000 personas han perdido la vida en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa. Algunas huyendo de la guerra y la violencia. Otras, por motivos económicos. Todas buscando una vida mejor.

El derecho al asilo es un derecho humano internacional recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la Convención de Ginebra y la Constitución Española, entre otros. Consiste en la protección ofrecida por un Estado a determinadas personas cuyos derechos fundamentales se encuentran amenazados por actos de persecución o violencia.

Tal como destaca la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), “Mientras, los líderes europeos miran hacia otro lado poniendo en marcha medidas insuficientes y regatean en el número de refugiados a los que dar acogida. Un comportamiento que esta organización compara con el de “Una subasta donde nadie parece interesado en pujar frente a personas que se ahogan delante de sus ojos”

Con la campaña #UErfanos, la CEAR propone 9 medidas para que la UE y sus estados miembros faciliten, entre otras medidas, la llegada de las personas que buscan refugio, pongan en un operativo de salvamento eficaz y aborden las causas que provocan los desplazamientos forzados

El panorama sobre los derechos de estas personas, sin embargo, es sombrío. Incluso con una opinión pública favorable a la acogida de regugiados, los gobiernos europeos se han negado a aceptar la propuesta de reparto de cuotas que formula la UE. Pero, por si no fuera poco, al mismo tiempo los gobiernos, y para evitar suspicacias, hacen hincapié en las diferencias entre refugiados e inmigrantes, por lo que se niegan  a albergar de forma permanente a estas personas.

Este doble discurso que acoge a los refugiados por razones humanitarias pero recela de su condición de migrantes se inspira, una vez más, en el convencimiento  de que el flujo migratorio causa más problemas que aporta soluciones. Un discurso que contrasta con el de organismos como la Organización Internacional de Migraciones. Su director general, William Lacy Swing, lo ha expresado con claridad estos días: ”los desastres, los déficit demográficos, la revolución digital y los sueños de la gente no se van a acabar nunca”.

La tesis de la OIM es que la migración es inevitable, y, por tanto, no hay que tratar con crisis migratorias concretas, sino “cambiar el discurso migratorio, prepararse para gestionar la diversidad y aprender a conjugar derechos soberanos con libertades individuales”, señaló su director.

Y sin embargo, la sociedad española está lejos de aceptar a las personas inmigradas como iguales en deberes y derechos. Según el último estudio monográfico sobre inmigración del Centro de Investigaciones Sociológicas (marzo 2014), más del 70% de los españoles juzgan ‘elevado’ o ‘excesivo’ el número de inmigrantes que hay actualmente en España, y cerca del 49% estan de bastante o muy de acuerdo en que los inmigrantes abusan de la atención sanitaria gratuíta.

¿Estamos preparados para garantizar por igual los derechos de los refugiados y de los inmigrantes?

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La imagen del post es de ASH-SHAM CARE en Flickr