Un recorrido por la Afrocolombianidad -II

Por Oliver Molano, coordinador de Comunicación y Marqueting, y Leticia Jaramillo, directora de Global Humanitaria Colombia.

En un post anterior vimos cómo, históricamente, Cartagena de Indias fue la puerta de entrada del tráfico de esclavos africanos para su trabajo en las haciendas coloniales y cómo este origen modeló el crisol de exclusión en el que la población afrodescendiente ha vivido en Colombia hasta fecha reciente, a pesar de representar cerca del 10% de la población total del país.

La Constitución Política de 1991, trajo consigo la inclusión de las comunidades étnicas que por años habían vivido en un “limbo” jurídico, entre ellas las comunidades Afrocolombianas quienes empiezan a ser reconocidas como sujetos jurídicos y a favorecerse de artículos que castigan la discriminación, exaltando así la importancia de reconocer a Colombia como un país pluriétnico y multicultural; cuyo principal desarrollo jurídico se encuentra en la Ley 70 “Ley de comunidades negras”.

El derecho internacional ha avanzado igualmente en el reconocimiento, la protección y el aseguramiento de derechos para todos los grupos étnicos, incluidas las comunidades afrodescendientes, entre los que se encuentran la “Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial” y el “Convenio N° 169 de la Organización Internacional del Trabajo” sobre pueblos tribales.

Por su parte Naciones Unidas en el 2015 declaró el Decenio para los Afrodescendientes: «Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo», que busca promover un mayor conocimiento y respeto de la diversidad de la herencia y la cultura de los afrodescendientes y de su contribución al desarrollo de las sociedades.

Pese a estos avances jurídicos tanto a nivel nacional como internacional, de nuevo la realidad difiere de los imaginarios y aunque existe una amplia legislación para proteger los derechos humanos, económicos sociales y culturales de la población afrocolombiana, en los últimos años se han empeorado las situaciones de exclusión y pobreza, a lo cual se ha sumado la violencia y violación de derechos humanos.

La afrocolombianidad en cifras (Global Humanitaria Colombia). Fuentes: Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE)

Si deseamos empezar a hablar de la situación actual de la población afrocolombiana, un punto de partida apropiado es definir el tamaño de esta población y la extensión de territorios que actualmente ocupan. Según el censo general de 2005 realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE, el porcentaje de población afrodescendiente en Colombia asciende al 10.6%, lo cual representaba en ese momento 4´311.757 personas. No obstante, según varias organizaciones afrocolombianas como el Proceso de Comunidades Negras PCN o el movimiento CIMARRON, esta cifra es inexacta ya que la pregunta étnico racial incluida en el formulario de 2005 presenta bastantes inconsistencias; y según proyecciones realizadas por el CIDSE – IRD –Univalle, la población afrocolombiana asciende aproximadamente a un 18% de la población total del país. Aun así, y tomando como referente las cifras arrojadas por el DANE, los afrocolombianos son el segundo grupo étnico – racial más grande en el país y la segunda población más grande de América Latina.

El Pacífico colombiano presenta los niveles más altos de pobreza del país, de acuerdo a las cifras arrojadas mediante la Encuesta de Calidad de Vida hecha por el DANE, el índice de pobreza multidimensional de esta región asciende al 33,2% contrastado con el índice nacional que es del 17.8%. A nivel educativo el panorama no es favorable, tan solo en el municipio de Tumaco, ubicado en el Departamento de Nariño, de acuerdo a las cifras del censo del DANE en 2005 proyectadas a 2016 por la Unidad Para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas – UARIV, el nivel de analfabetismo es del 16.7%, las cifras de deserción escolar es del 42.5% y tan solo el 4,7% de la población logra tener estudios superiores y de postgrado.

Si seguimos tomando el Municipio de Tumaco como referente, pero esta vez en materia de seguridad, esta es una de las zonas más violentas del país, de acuerdo a las cifras de homicidio de la Policía Nacional en el año 2014, Tumaco ocupó el primer lugar con 147 asesinatos en una población de 195.419 habitantes, es decir 75 homicidios por cada 100.000 personas; ahora bien, ampliando el panorama, diez de los municipios más peligrosos, se encuentran en el pacífico colombiano. Una de las razones que pueden responder a esta cifras es la fuerte presencia de actores del conflicto armado, pues la zona del Pacífico y en especial la zona sur del departamento de Nariño, presenta los mayores índices de concentración de cultivos de coca y es una de las principales rutas de exportación ilegal de este alcaloide.

Global Humanitaria consciente de la realidad expuesta anteriormente, lleva trabajando en Tumaco y la Costa Pacífica Nariñense desde 1998, con una fuerte apuesta por la educación, por considerarla como el motor para la transformación social, que puede generar oportunidades para miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes afrodescendientes que buscan salir de la pobreza y anhelan lograr la estabilidad y la paz en este contexto de Posconflicto.

Mejorar la calidad educativa y reducir la deserción escolar en Tumaco puede ser la oportunidad para que los jóvenes ingresen a la educación superior y una vez terminada su formación aporten al desarrollo de sus comunidades, transformando de esta forma el círculo de la pobreza en un círculo virtuoso que abra el camino al desarrollo de los y las Afrocolombianas.