Pueblos Indígenas: “Más visibles pero igual de perseguidos”

Este 2017 se cumplen diez años de la aprobación, por parte de las Naciones Unidas, de la Declaración de los Pueblos Indígenas, el instrumento internacional más completo sobre los derechos de los pueblos indígenas. Esta Declaración reconoce a los pueblos indígenas derechos tales como la autodeterminación, el uso de las tierras, territorios y recursos tradicionales, y el acceso a la educación, la cultura, la salud y el desarrollo, entre otros.

Sin embargo, durante la última reunión del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, el pasado mayo, más de 1.000 representantes de pueblos indígenas continuaron denunciando desplazamientos forzosos, agresiones y violencia sistémica, particularmente contra las mujeres y los jóvenes indígenas.

Mariam Wallet Aboubakrine, presidenta del Foro, reconoció que, desde la aprobación de la Declaración, algunos países han tomado medidas constitucionales y legislativas con el fin de reconocer los derechos y la identidad de los pueblos indígenas.

Desde 2007 las constituciones o las leyes de un mínimo de 10 estados, como Bolivia, Costa Rica o México, se han modificado para reconocer su carácter plurinacional. También, antes de que hubiera transcurrido un año desde la aprobación de la Declaración, Australia y el Canadá presentaron disculpas oficiales a los pueblos indígenas de su país por sus políticas de segregación y de internados contra los integrantes de estas minorías.

Pese a que, diez años después, la Declaración de las Naciones Unidas está aprobada los votos favorables de 147 países, y no cuenta en la actualidad con ningún voto contrario, la mayoría de los gobiernos de África y Asia todavía se siguen cuestionando la existencia de pueblos indígenas en sus propios estados.

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Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (Naciones Unidas)

Aún con ello, sin embargo ningún país niega ya las situaciones de exclusión que viven de forma secular las poblaciones originarias en todo el mundo. Son cerca de 370 millones de personas, en 70 países. Son el 5 % de la población mundial, pero sufren la pobreza de una forma desproporcionada. Representan el 15% de los pobres en el mundo. En el caso de las zonas rurales, el 33% de las personas que viven en situación de pobreza son indígenas.

En este blog hemos destacado que en los pueblos indígenas confluyen, como colectivo todos los factores limitantes para acceder al derecho a la educación pertinente: acostumbran a ser minoría en los estados que los engloban -o su cultura permanece minorizada, sin medios de expresión- viven en zonas rurales remotas, no cuentan con representación política y deben aprender a partir de currículos académicos que no tienen en cuenta ni su idioma ni su cosmovisión ni el medio en el que viven.

Derecho a la tierra

Pese a que la Declaración establece que los pueblos indígenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído y a utilizarlos y desarrollarlos, el reto es particularmente arduo en los casos en que las tierras y territorios tradicionales de los pueblos indígenas no se reconocen jurídicamente y existen reivindicaciones e intereses territoriales contrapuestos.

Los líderes comunitarios que defienden su derecho a la tierra y a un medio ambiente saludable son criminalizados, ponen en riesgo sus vidas y, a menudo, las pierden. El año pasado, fueron 200 activistas indígenas asesinados por este motivo como informó Global Witness. En el 99% de los casos, los crímenes no se investigan o no llevan nunca a condenas, por lo que la impunidad es prácticamente total.

Mujeres indígenas

Tarcilia Rivera, líder indígena quechua y miembro del Foro Consultivo, reconocía en una reciente entrevista que ha sido esta lucha, y el interés por avanzar en el desarrollo sostenible, lo que ha contribuido a hacer más visibles los derechos de los pueblos indígenas. Pero consideró que la, en lo que respecta a calidad de vida, la situación no ha cambiado mucho en estos 10 años. “Somos más visibles, pero seguimos perseguidos. Seguimos empobrecidos, accediendo a servicios de baja o nula calidad y nuestros sistemas de vida (producción de alimentos, uso de tecnologías, prácticas culturales, reconocimiento de tierra y territorio) siguen cuestionados y a menudo son perseguidos y ninguneados en los medios públicos y la educación formal”, resumió.

Especialmente grave es la situación de las mujeres indígenas que,  pese a la declaración, siguen sufriendo niveles exorbitantes de discriminación y violencia. Más de una de cada tres mujeres indígenas es violada a lo largo de su vida, según Naciones Unidas. Además, esta población presenta una tasa superior a la media de mortalidad materna, embarazo adolescente y enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA.