Proteger los derechos de los niños refugiados

A principios del mes de septiembre, la foto de Aylan, el niño kurdo ahogado en una playa de Turquía, conmocionó a la opinión pública europea. Cada semana, los medios de comunicación nos informan de más niños que arriesgan -y pierden- sus vidas en la travesía a Europa, o que deben sufrir las condiciones indignas de los los centros de internamiento que los estados europeos han improvisado para contener una ínfima parte del éxodo de los que huyen de la guerra y la destrucción.

Según estimaciones de UNICEF, 1 de cada 10 niños en el mundo viven actualmente en zonas afectadas por conflictos armados. En total, son más de 230 millones de niños y niñas y viven en países como Siria, YemenRepública CentroafricanaSudán del Sur o Nigeria, que  son sólo algunos de los países que mayor sufrimiento infantil concentran debido a la violencia.

La misma agencia de Naciones Unidas destaca que cerca de 14 millones de niños son víctimas de los conflictos armados que afectan a Siria y gran parte de Irak y que 1 de cada 5 solicitantes de asilo de las personas que huyen de la guerra en esta región son niños y niñas.

Los niños y niñas sirios que huyen de conflictos armados deben enfrentar al mismo tiempo los embates de la guerra y el éxodo. Además del trauma físico vivido, que conlleva a menudo secuelas, amputaciones e intervenciones quirúrgicas múltiples, las consecuencias psicológicas de sobrevivir a un episodio de guerra suelen ser devastadoras para el desarrollo del niño: sentimiento de culpa, pérdida de autoestima, fobias y miedo, trastornos del sueño, incapacidad para hablar y traumas que, de no tratarse, pueden derivar a largo plazo en trastornos mentales.

Niño sirio refugiado en Jordania realiza sesión de arte terapia en el Bader Center de Amman (Jordania)

Niño sirio refugiado en Jordania realiza sesión de arte terapia en el Bader Center de Amman (Jordania)

Sin derechos de ciudadanía

En el caso de los niños y niñas refugiadas, además de la pérdida de seres queridos, del hogar y del desarraigo, la salida del país de origen les enfrenta a una rebaja o pérdida total de sus derechos de ciudadanía: dejan de tener acceso a la atención sanitaria y quedan fuera de la escuela.

Incluso en el entorno de campos de refugiados como los de Zaatari, en Jordania, en el que viven más de 80.000 personas, las niñas son especialmente vulnerables y están expuestas a sufrir graves abusos: desde la estigmatización y los matrimonios a temprana edad, hasta el acoso y la violencia sexual, según denuncia Amnistía Internacional.

Un año más, el Día Internacional del Niño recuerda, el 20 de noviembre, la aprobación, en 1989, de la Convención sobre los Derechos del Niño. En los niños refugiados se reúnen, a menudo, todas las circunstancias que les hacen merecedores de una protección especial. Las obligaciones que incumben a los Estados para proteger derechos tan básicos como la vida, la salud física y mental y la escolarización de los niños nos implican también a todos.