Mutilación Genital Femenina: Heridas de cuerpo y alma.

En unos días donde los muros y las fronteras instauradas a golpe de decretazo se llevan toda nuestra atención, nos gustaría recordar una efeméride de esas que pasan desapercibidas.

Este lunes, 6 de febrero,  ha sido el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.

Según la ONU, “la mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos consistentes en alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas, y es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas”.

Vayamos al principio:

El diccionario de la RAE define mutilar como “cortar o cercenar una parte del cuerpo, y más particularmente del cuerpo viviente”.

Por un solo instante,  mientras leemos cada palabra, podemos imaginarnos la crueldad de la escena: una mujer,  algún lugar aislado de África y una cuchilla, presumiblemente oxidada. Sin habitaciones asépticas, sin desinfectantes, sin médicos. Y por supuesto, sin anestesia.

Añadamos un par de datos a la escena:

Probablemente no sea una mujer sino una niña. Las mutilaciones genitales femeninas se realizan a niñas en algún momento de su vida entre la infancia y la adolescencia. Hay 44 millones de niñas menores de 14 años que han sufrido la ablación.

Quizás no sobreviva. Existe riesgo de muerte por infección o hemorragias. Y si lo hace, le quedarán secuelas de por vida como como quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones en el parto y un mayor riesgo de muerte de recién nacidos.

Y, con total seguridad, no será una sino 200 millones de niñas y mujeres, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, la crueldad aumenta si leemos la segunda acepción del diccionario: “cortar o quitar una parte o porción de algo que de suyo debiera tenerlo”.

Y es que cuando se mutila a una niña no solo se le está arrancando una parte de su cuerpo, se le está arrancando, de cuajo, una parte de su alma que debiera tener.

Se le está arrebatando la autoestima al decirle y demostrarle que algo en ella, algo intrínseco al hecho de ser mujer, es malo, es impuro y debe ser extirpado. Se le está arrebatando su libertad de ejercer una vida sexual plena y de ejercerla sin remordimientos.

Asha Ismail,  presidenta de la organización Save a Girl, Save a Generation lo explica así: “Cuando te mutilan, tienes la sensación de que te han quitado algo muy importante en tu vida. Una mujer mutilada nunca se recupera. La herida se cura, pero, psicológicamente, estás permanentemente mal. Te sientes siempre inferior, sientes que no puedes estar a la altura de una pareja, te da muchísimo miedo, estás avergonzada, y es una vergüenza con la que vives toda la vida. Esa vergüenza te da una inseguridad permanente”.

Por todo esto existen días internacionales así: Para que no olvidemos esa escena en la que a una niña se le mutila el cuerpo y el alma. Para que le demos voz a gritos a personas como Asha Ismail. Para que recordemos las injusticias que no llenan portadas en la prensa. Para que no nos quedemos congelados. 

Video: “You can’t stay frozen”, campaña de Unicef contra la Mutilación Genital Femenina.