Madre, adolescente, rural y sin educación

Serie En Directo desde Guatemala
Gabriel Díaz, Responsable de Publicaciones en Global Humanitaria

En las comunidades rurales del Petén pregunté cuántos hijos puede llegar a tener una familia. De 10 a 14 fue la respuesta en muchos casos. Esto tiene que ver con los embarazos prematuros y también es una manifestación de las carencias informativas o formativas que existen. El último informe del PNUD recogido en Prensa Libre, habla de la urgente necesidad de atender el analfabetismo que afecta a millones de jóvenes. El 70% de la población de Guatemala tiene menos de 30 años.

Las mujeres adultas no conocieron la escuela, y es más que probable que no fueran informadas sobre su sexualidad y métodos de prevención en su propia familia. Porque tener hijos es el único destino de la mujer y procrear desde la adolescencia es algo que casi no se ha cuestionado. Ése ha sido el mandato social. Y ojo, además de criarlos deben buscar el agua y la leña para cocinar, cocinar, lavar la ropa en el río más cercano, mantener limpia la casa…

Ante esta realidad, ¿quién puede extrañarse de las altas tasas de mortalidad en madres adolescentes? ¿Quién puede extrañarse de que muchos de sus hijos padezcan enfermedades prevenibles y que puedan llegar a ser mortales? ¿cómo atajar la malnutrición infantil?

Estas preguntas tienen por lo menos una respuesta: el cambio o la continuidad de esa realidad provendrá de la propia comunidad y el apoyo que podamos darles nosotros, las ONG, y los gobiernos locales.

Ahora bien, a medida que se incremente la participación de los niños y jóvenes en la educación con planes adaptados a sus contextos, existirán otros puntos de vista, otras voces y formas de ver la vida que saldrá de la propia comunidad. Porque serán nuevas generaciones que tendrán una oportunidad que sus padres no tuvieron. Y que por ejemplo las mujeres puedan decir: “no”, no sea cosa de extraterrestres.

Vilma López tiene 16 años y estudia bachillerato de turismo. Ella proviene de una familia de migrantes internos, como la mayor parte de los habitantes de Petén, y compartió con nosotros sus preocupaciones. Entre ellas figuran la discriminación entre una población con características muy variadas y los embarazos precoces. Vilma cree que las herramientas que ofrecen la educación puede cambiar el rumbo de las cosas, y además siente la responsabilidad de transmitir ese conocimiento a los suyos.

“Hay familias de hasta 12 o 14 hijos. Las consecuencias de la falta de atención son la delincuencia, la prostitución, el alcoholismo, la drogadicción, los embarazos a temprana edad”, explica. Y sobre la discriminación, señala: “a veces una persona llega a buscar trabajo con su traje típico y llega otra ladina (mestiza) flaquita, rubita, y se lo dan a ella aunque la otra esté mejor capacitada”.

Veamos qué otras cosas nos cuenta Vilma en el siguiente vídeo, en el que también podrán escuchar a Francisco, coordinador de las jornadas de liderazgo juvenil organizados por Global Humanitaria en Petén.