Los más vulnerables ante las crisis humanitarias

El informe Acción Humanitaria para la Infancia 2017, hecho público por UNICEF la semana pasada, puso de relieve que 1 de cada 4 niños del mundo, unos 535 millones, viven en países afectados por situaciones de emergencia, como conflictos y desastres naturales, que pueden amenazar sus vidas y su futuro.

En países como Siria, Iraq, Yemen o Sudan del Sur, la violencia y el desplazamiento forzoso provocan situaciones de crisis humanitaria en las que es difícil acceder a alimentos, tener agua en condiciones o ir a la escuela, además de exponer a los niños a situaciones de pérdida de familiares y amigos.

Los países de la África subsahariana acogen casi tres cuartas partes -393 millones- de los niños y niñas que viven amenazados por las consecuencias guerras y crisis humanitarias de todo tipo, seguidos por los estados de Oriente Medio y el norte de África. Muchos de ellos son reclutados forzosamente por como combatientes, como en el caso de los grupos yihadistas de Estado Islámico o Boko Haram, o sufren la explotación sexual vinculada a estos conflictos.

“Los niños y las niñas nunca inician las guerras y, sin embargo, son quienes se encuentran más expuestos a sus consecuencias. Se ven obligados con demasiada frecuencia a huir de sus hogares por la fuerza, a ser testigos de atrocidades o incluso a cometer ellos mismos crímenes de guerra”, recuerdan desde el programa educativo Enrédate. Además de las secuelas directas sobre su integridad física y su crecimiento, las consecuencias emocionales de la violencia ejercida contra niños y adolescentes incluyen problemas de aprendizaje, trastornos emocionales y dificultades de relación social, que pueden durar toda su vida como adultos.

La práctica totalidad de los convenios internacionales sobre protección de la infancia desde la Convención de Ginebra (1949) han intentado limitar y eliminar la participación de niños y niñas en conflictos armados. Más allá de lo ingenuo de pensar que los que promueven o participan en conflictos tienen algún interés en respetar a la infancia, todas las regulaciones se enfrentan a las visiones culturales distintas sobre si el grupo de niños/as de 15 a 18 años son suficientemente mayores ¿? para tener algún tipo de papel en los conflictos armados.

La atención a niños en situación de crisis humanitaria requiere poder atender necesidades inmediatas, como vacunas, agua y alimentos, pero no puede descuidar el acceso a derechos también perdidos, como el acceso a la educación y la salud emocional. Para apoyarles existen iniciativas como el proyecto Ayúdales a Caminar, de Global Humanitaria o el llamado de UNICEF a la Acción Humanitaria para la Infancia.