Leer para ser libres: mujeres que derriban muros en Costa de Marfil

Imaginemos por un momento que estas líneas que tienen delante de sus ojos no son más que garabatos incomprensibles, una especie de jeroglífico indescifrable que ocupa la pantalla. Como esos dibujos egipcios.

Giremos la cabeza, miremos alrededor: libros, carteles, recetas médicas, folletos informativos, las notas de sus hijos, el calendario, los contratos que no puede firmar y los derechos que no sabe exigir.

Y el mercado… el pan de cada día, el sustento de la familia. Un negocio innegociable cuando no conoces el valor de las monedas. Cuando uno más uno puede ser dos, o tres, o cinco, o diez, dependiendo del buen corazón o las ganas de engañar que tenga el comprador.

Y la autoestima apaleada: “no podía expresarme, me daba vergüenza hablar”, “no sabía ni escribir mi nombre”.

Y la frustración de crecer sabiendo que ese muro de desconocimiento que te niega la libertad se ha levantado a tu alrededor solo por el hecho de ser mujer:

“Cuando éramos pequeñas nos decían que no valía la pena gastarse el dinero en que fuésemos a la escuela cuando nuestra función era estar en casa y tener hijos” explica decidida Amenan Konan, secretaria de la cooperativa agraria de mujeres de Sikaboutu mientras charlamos.

Eso es ser analfabeta. Y eso es lo que viven cada día el 60% de las mujeres marfileñas.

Por cada una de las que engrosan estas estadísticas, por devolverles un derecho que les pertenece, es por lo que llevamos una década realizando proyectos de alfabetización para mujeres en Costa de Marfil.

Y este año hemos comprobado los resultados sobre el terreno.

Ni Amenan, ni Helene, ni Angelina, ni Odette, ni Gagui, ni ninguna de las 35 mujeres de la cooperativa agraria de Dema y otras tantas de la de Sikaboutu que participan en los cursos de alfabetización que organiza Global Humanitaria se conforman.

Son fuertes, luchadoras y dispuestas a romper muros. Por ellas y por las que vendrán:

“Antes no teníamos voz. Si el señor decía esto es lo que hay que hacer, lo hacíamos, pero ahora ya no”, continúa Amenan, “Ahora, si tu no quieres que nuestra hija vaya al colegio, yo sí que quiero y si tengo los recursos lo haré. Necesitábamos esto”.

El mensaje es claro, y llega con la primera respuesta, en cuanto nos sentamos en círculo con Helene Ahou, presidenta de la cooperativa, y con el resto de las mujeres de Sikaboutu que empezarán a recibir clases este año:

– Helene, ¿por qué son importantes para vosotras estos cursos de alfabetización?

– Porque si uno quiere ser libre en la vida y ser una persona instruida tiene que conocer lo que está escondido.

Nada más que añadir.

Después visitamos Dema. Allí otro grupo de mujeres reciben clases de lectoescritura y cálculo desde hace 9 meses.

De nuevo, miradas profundas y mucho orgullo en las palabras de Gagui Thierry, presidenta de la cooperativa, quien, a sus 61 años, todos los miércoles aparca sus responsabilidades en el campo y en casa para empuñar una tiza y convertir los jeroglíficos en mensajes comprensibles y comprendidos: “Ahora sé colocar cada palabra en la frase. Si quiero viajar puedo irme sin nadie que me acompañe, cuando voy a un sitio sé dónde voy, puedo leer”.

Odette es todavía más directa, reenfocando nuestras miradas occidentales a la realidad marfileña: “Si veo un papel en el suelo puedo cogerlo y saber lo que dice.  Ahora cuando voy al mercado puedo calcular, puedo hacerlo sin problema”.

La Unión Africana adoptó en 2010 la Década de la Mujer Africana (2010-2020) con el objetivo de reavivar los compromisos de los países en igualdad de género y empoderamiento de la mujer y, entre otras cosas, aumentar los niveles de alfabetización de las mujeres mediante la educación de adultos.

En plena década de cambio para estas mujeres, Angelina lo tiene claro. “Tengo dos hijas y dos hijos, desde el primer momento escolaricé a todos” dice serena, convencida y con una sonrisa. “El día de mañana, mis hijas quizás puedan ser ministras o presidentas”.

Como dice el periodista y escritor Xavier Aldekoa: “África no está perdida, está esperando a que las mujeres ocupen el sitio que les corresponde”.

Imagen: Mujeres escribiendo en una clase de alfabetización, Dema, Costa de Marfil (Global Humanitaria).