Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural para frenar las migraciones

Estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) consideraron que, entre 1990 y 2015, se había reducido a casi la mitad el número de personas en situación de hambre y pobreza extrema. Y sin embargo, alrededor de 793 millones de personas están subalimentadas en el mundo. Cálculos de Naciones Unidas para el año 2016 apuntan a que unos 155 millones de niños de niños menores de 5 años tienen retraso en el crecimiento como consecuencia de la malnutrición crónica.

El aumento histórico en el número de migrantes desde el fin de la segunda guerra mundial ha puesto de relieve la relación entre los desplazamientos, y la inseguridad alimentaria asociada a las consecuencias del cambio climático, y a ello está dedicado este año el el lema del Día Mundial de la Alimentación 2017.

Según un estudio reciente de la FAO, alrededor del 60 por ciento de la población de los países inmersos en viven conflictos y crisis prolongadas viven en zonas rurales. Es en estas áreas donde la agricultura es el principal medio de subsistencia de sus habitantes.

En este contexto, los medios de vida rurales están expuestos a los impactos negativos de eventos extremos de cambio climático, ya que la capacidad de respuesta de estos países acostumbra a ser limitada y los sectores agrícolas son los que más sufren en situaciones de desastres naturales.

  • En 2015, el número de migrantes internacionales en todo el mundo –las personas que residen en un país distinto de su país de nacimiento– alcanzó el más alto jamás registrado: 244 millones, y sin embargo, fueron muchas más las personas que se desplazaron internamente, con 763 millones de inmigrantes internos según las estimaciones de 2013 de la Organizacion Mundial para las Migraciones.
  • Gran parte de los migrantes proviene de zonas rurales, donde más del 75% de los pobres y de la población que padece inseguridad alimentaria del mundo dependen de la agricultura y de los medios de subsistencia basados en los recursos naturales, ahora alterados por las consecuencias del cambio climático.
  • Tres cuartas partes de las personas en situación de pobreza extrema basan sus medios de subsistencia en la agricultura u otras actividades rurales.

Trabajar en el objetivo de Hambre Cero formulado en el ODS 2 significa encarar las situaciones que obligan a emigrar a las personas y reforzar aquellas políticas que generan sostenibilidad alimentaria a colectivos clave, como son las mujeres rurales.

Abordando la migración joven rural por situaciones de vulnerabilidad (FAO)

 

El sector agrícola es un motor de estabilización y recuperación para las personas que viven o huyen desde contextos frágiles, de modo que, para convertir la migración en una opción, no en una necesidad, serán positivas todas aquellas medidas y prácticas que produzcan alimentos de forma sostenibles y resiliente a los desastres naturales y a los efectos progresivos del cambio climático.

Mantener la diversidad genética de plantas y animales, que es básica para la agricultura, fomentar la capacitación y el empoderamiento de las mujeres rurales o mejorar la capacitación técnica y agrícola de las comunidades campesinas, entre otras medidas, ayudan a asentar a la población en sus territorios y aseguran la disponibilidad de alimentos en contextos de crisis humanitarias o desastres naturales.

Para lograr los objetivos de la Agenda 2030 en materia de seguridad alimentaria, también desde Naciones Unidas se propone incrementar la Ayuda al Desarrollo vinculada al sector agrícola y continuar con la eliminación de los subsidios a la exportación agrícola para evitar el hundimiento de los mercados locales en los que se abastecen la mayoría de poblaciones campesinas.

Imagen: Familias campesinas del Departamento de Puno, en Perú, abandonan sus casas, afectadas por inundaciones (Global Humanitaria)