“Hay que fortalecer la capacidad de autogestión del agua en Bolivia”

No es casualidad que en junio Bolivia, que acaba de presidir el Consejo de Seguridad de la ONU, pusiera sobre la mesa el problema de la escasez del agua y el cambio climático. El agua es clave para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza y Bolivia es uno de los países más vulnerables a las consecuencias del calentamiento global. El año pasado sufrió su peor sequía: más de 400.000 personas se quedaron sin suministro durante semanas y en algunas zonas perdieron hasta el 90 % de las cosechas.

Sobre el tema hablamos con Carlos Crespo, sociólogo, experto en medio ambiente. y miembro de la Comisión para la Gestión Integral del Agua en Bolivia

-¿Cuál considera que es el principal problema relativo al agua en Bolivia?
Podríamos dividirlos en dos: los problemas naturales vinculados al cambio climático, y los vinculados a la intervención humana en términos de acceso, uso y disponibilidad del agua . Hay regiones que tienen graves problemas de acceso al agua vinculados a la escasez natural, agravada por esta intervención del hombre.

– La situación ha empeorado los últimos años ¿Cómo se ha llegado a este punto?
Es una combinación de un rol del Estado, que más bien ha promovido una actividad extractivista del agua, facilitando concesiones a corporaciones productivas, hidrocarburos, minería, agro negocios …. y  por otro lado, un crecimiento poblacional vertiginoso, un proceso de urbanización que también implica un incremento en la demanda de agua. Entonces surgen los conflictos por el uso y al acceso al agua, en un contexto de alta vulnerabilidad climática.

– Y luego está el cambio climático
El tema del cambio climático es un hecho objetivo. En el valle de Cochabamba, en menos de 200 años la temperatura se ha incrementado en 9 grados. Además ha habido cambios en la humedad, ocasionando la desaparición de los glaciares en todas las regiones alto andinas. Y la intervención del hombre acelera este proceso, con cambios de uso de suelos que han implicado la reducción de fuentes de agua o su contaminación.

– ¿Cómo afecta todo esto a la población?
Al final somos una sociedad que ya está entrenada a convivir con la escasez. La gente tiene sus tanques para almacenar el agua y conservarla, pero la situación se está agravando. Como dice la demógrafa Carmen Ledo, el agua es un indicador de segregación urbana, un diferenciador socioeconómico muy claro. Hay población de la zona sud que está comprando agua (8bs o 10bs el tanque) mientras que una urbanización cerrada del norte cuenta con pozo propio.

– ¿Qué pasa en la zona rural donde se necesita el agua para la agricultura y la ganadería?
Las comunidades están mejor o peor dependiendo de las zonas. Algunas tienen sus micro-riegos, porque han logrado una fuente superficial. Pero en general el panorama es de sequía, porque llueve menos y las fuentes de agua están contaminadas. Hay municipios que han crecido y hasta han construido sus sistemas de alcantarillado, pero sin tratamiento y lo tiran a sus ríos…

-¿Qué se podría hacer para mejorar la situación?
Es necesario hacer un gran acuerdo por el agua. Luis Salazar, director de cuencas (Gobernación de Cochabamba) ha empezado a promover la agenda departamental del agua, que es un intento de construir un gran acuerdo. Pero espero que ese acuerdo no sea desde los derechos, porque no funcionará, sino desde las necesidades. Una discusión desde las necesidades me parece que es fundamental: identificar cuánta agua consumimos, en qué consumimos y para qué la queremos.

-¿Qué papel juegan las comunidades indígenas?
Las iniciativas (pozos, mejora de sistemas de agua, riego…etc.)  son efectivas  en tanto sean de abajo hacia arriba. Se trata de fortalecer las capacidades de autogestión y administración del agua.  Las experiencias exitosas de la gestión del agua son aquellas que han partido de las iniciativas locales. Con o sin ayuda externa, pero los protagonistas son la comunidad, los comités de riego o la junta de agua y son ellos los que acompañan el proceso de implementación y de gestión.( ver vídeo Agua para Méndez Mamata )

La idea de que “lo que es de todos no es de nadie”, ha promovido procesos de intervención privada o estatal en bienes comunes como el agua. Elinor Ostrom (premio Nobel de Economía 2009) desarrolla  la teoría  de la “gestión de los bienes comunes”  estudiando precisamente los sistemas de la gestión del agua, porque es ahí  donde  encuentra una  gestión eficaz y reivindica justamente la importancia de estos sistemas autogestionarios.

Imagen: Carlos Castro