¿Informados o intoxicados? (1)

En nuestra vida cotidiana debemos hacer frente a una avalancha de informaciones y estímulos: consultamos las noticias mientras contestamos los mensajes en el móvil, estamos pendientes del último like, nos envían un vídeo… estamos acostumbrados a la multitarea y a dedicar una atención superficial a la asimilación de información: leemos a menudo saltando palabras y nos puede resultar difícil difícil leer un texto de forma pausada, palabra a palabra.

Estamos invadidos por la información. Internet, las cámaras digitales, los dispositivos móbiles y las redes sociales han provocado un aumento exponencial de datos.  Aquí va otro: En 2013, la empresa de investigación SINTEF calculaba que el 90% de los datos del mundo se habían generado en los dos años anteriores.

Tal como explica el padre del término ‘infoxicación’, el experto en innovación Alfons Cornella: “La infoxicación es el exceso de información (…) es estar siempre “on”, recibir centenares de informaciones cada día, a las que no puedes dedicar tiempo. Es no poder profundizar en nada, y saltar de una cosa a la otra. Es el “working interruptus”. Es el resultado de un mundo en donde se prima la exhaustividad (“todo sobre”) frente a la relevancia (“lo más importante”), tal como explica en su blog.

Probamos a saber las “causas del conflicto en Siria” en Google y el buscador nos reseña, aproximadamente 391.000 resultados. ¿Quién tiene tiempo de contrastar y seleccionar las fuentes, de comprobar la veracidad de las causas que y ponderar los factores que la han originado?

Entre 2008 y 2015, cerraron en España 375 medios de comunicación y se perdieron más de 12.000 empleos de periodistas, según un estudio de 2015 de la Asociación de Prensa de Madrid. Para el resto queda una mayor precariedad, esto es, menos tiempo para seleccionar, para investigar y para elaborar contenidos de calidad, con lo cual se empobrece el contenido periodístico.

“Solo alguien que ha profundizado en una materia, que ha leído mucho sobre el tema -explica Cornellà- puede procesar rápidamente información: sabe lo que es cierto, lo que es probablemente cierto, y lo que es obviamente falso. En una situación de consumo acelerado de información sobre la que no tenemos un criterio experto previo -construido con tiempo y reflexión, añade este experto-  “nos convertimos en “comepalabras” antes de que podamos saborearlas. Leemos demasiado y entendemos muy poco de lo que leemos.”

Síndrome de la fatiga de información

“Ante una sobreestimulación del sistema nervioso central, las personas no pasan a un estado de nerviosismo sino un estado de aturdimiento o colapso”, explica el filósofo Alberto Moradillo. Con la exposición sistemática a este colapso, podemos llegar a manifestar el llamado síndrome de fatiga por exceso de información que, según los grados de afectación, puede manifestarse en forma de dolor de estómago, problemas de atención y concentración, dificultad para el análisis y la toma de decisiones, ansiedad, estrés y trastornos del sueño.

Más allá de las consecuencias sobre la salud de la sobrecarga informativa y de las estrategias para evitarla, el consumo masivo y superficial de noticias, combinadas con el entretenimiento, tiene consecuencias sociales. “La forma moderna y democrática que adopta la censura no se basa en la supresión de información, sino en el exceso de ésta”, sostiene Ignacio Ramonet, con lo que queda alterada la función social del periodismo como herramienta para posibilitar decisiones públicas libres.

A ello vamos a dedicar un un próximo artículo.


Imagen: Information overload, de Peter Asquith (Flickr)