Logros y desafíos en Potojani Grande, Perú

Desde Perú, Gabriel Díaz, responsable de publicaciones de Global Humanitaria.

Úrsula Alarcón es profesora de 4º grado de primaria y Javier Castro de 6º grado. Ambos trabajan en la escuela de Potojani Grande, en Puno, adonde acuden alrededor de 70 niños de esa localidad peruana. “En realidad los niños que vienen a esta escuela son de diferentes comunidades; muchos provienen de hogares de extrema pobreza”, señala la maestra.

“En muchos casos, los padres no tienen trabajo o si lo tienen es temporal. Las madres se dedican a lavar ropa fuera de casa. Hay una parte de los niños que salen a las 6:30 de la mañana y llegan a la escuela a las 8:30, hacen el recorrido caminando y por eso llegan muy cansados. Algunos pierden el desayuno y como maestra no les puedo exigir que rindan lo esperado”.

La alimentación de estos niños es una prioridad; en ese sentido, el plato que preparan sus madres en el comedor escolar es la comida más completa que reciben durante el día. Refiriéndose a ese apoyo ofrecido por nuestra ONG y la comunidad, el profesor resalta que en su momento “despertó mucha expectativa y entusiasmo, porque por primera vez iban a recibir una comida balanceada, incluyendo verduras, frutas, carnes y cereales”.

 En cuanto a los planes curriculares, Castro considera que de un tiempo a esta parte la educación peruana ha ido innovándose y se trabaja por adaptar los textos a la realidad de los niños. Pero queda mucho por hacer: “uno de los grandes retos es que el aprendizaje les permita a los niños desenvolverse en su realidad y resolver problemas y conflictos que se presenten en su vida cotidiana”.

 La profesora hace hincapié en la creciente emigración, sobre todo de los padres, hacia las ciudades. “Muchos regresan a los 3 meses o a los 6 meses o directamente no vuelven”, señala. En medio de este panorama, “las madres se dedican al cuidado del campo, de los hijos, van a lavar ropa, se encargan de cocinar y limpiar sus hogares”.

En esta realidad marcada por familias desestructuradas y con todo el peso de la responsabilidad sobre las madres, los niños pasan buena parte del día solos (sobre todo al regresar de la escuela), sin nadie que los cuide o atienda. Por ello, la profesora remarca la importancia del plato recibido en el comedor, porque con lo que allí comen tienen que pasar el resto del día hasta el regreso de sus madres, al caer la tarde.

Además, la profesora comenta: “Noto que la mayoría de los niños ha ido mejorando su rendimiento en las distintas asignaturas; están más atentos y la asistencia a clases es más estable”.

En la imagen, los profesores en la escuela Potojani Grande (Juan Mercado/Global Humanitaria).