En el Día Universal de la Infancia, un día en la vida de Ronald

Por Gabriel Díaz, responsable de publicaciones de Global Humanitaria.

Junto al equipo de Global Humanitaria Perú llegamos a la casa de Ronald en una mañana muy luminosa. Ronald tiene 9 años y vive con su familia en la zona rural de Coata, una localidad del departamento de Puno (Perú). Allí nos esperan sus padres, Jesús y Yolanda, sus dos hermanos, su abuela, una tía y una prima. Es temprano,  y de la cocina, hecha de barro y paja, sale un humo espeso que se ve desde la carretera: es hora de tomar la leche de la mañana.

La familia se pone en marcha mientras atiende a las visitas. Unos sacan leche de la vaca, otros recogen agua del pozo, abren el corral para que el rebaño de ovejas salga a pastar y luego los niños se preparan para ir a la escuela. Aquí, en medio del campo, se desplazan caminando o en bicicleta. No llega la luz eléctrica (por la noche utilizan una linterna) ni hay agua corriente. El centro de salud más cercano está en el centro de Coata, a unos kilómetros de la casa.

Después de ordeñar, Ronald nos muestra sus habilidades en la bicicleta. Parece muy tímido, pero es todo un artista sobre ruedas. Ahora tiene ganas de enseñarnos todo lo que hace en su casa, corre rápido hacia el pozo, saca agua concentrado. Mientras prepara su mochila, dice que le gusta leer pero parece que no es muy amigo de las matemáticas. Después de pensárselo un poco, nos cuenta la historia de la vaca y la oveja:

“Una vaca se encuentra con una oveja en el campo y le come la comida a la oveja. Pero después de comer, la vaca se enferma y se pierde en el campo. La oveja la encuentra tirada en el pasto. Entonces después de verla la oveja la ayuda y la vaca empieza a mejorar. Ahí se vuelven amigas y viven felices en el campo”, cuenta pausadamente.

Y así es un día en la vida de Ronald:

“Me levanto temprano a las 6 de la mañana, y desayuno leche con canela. Me gusta poquito. Ayudo a mis padres con el ganado. Le doy pasto y también saco la leche de la vaca. Y también ayudo a sacar agua.

En la escuela tengo amigos. Mi mejor amigo se llama Emerson. Con él jugamos a la gallinita ciega, con más compañeros. En la escuela hablamos castellano. Quechua no hablo pero entiendo. Las matemáticas son difíciles, mejor ciencias ambientales y comunicación.

Me gustan los animales. Las vacas, las ovejas, los perros, los patos y los pavos. Me gusta perseguir y correr a los pavos. El animal que más me gusta es el gatito que tenemos en casa. En Coata tenemos una Iglesia linda. Mis primos viven cerca.

De noche como caldo con cebada. Me voy a dormir cuando no está el sol. Duermo en una habitación que pudimos construirla gracias a mi padrino de Global, que se llama Jesús”.

El padre de Ronald nos acompaña hasta la salida a la carretera. De chico perdió a sus padres y por eso fue criado por sus tíos, nos explica, tuvo que comenzar a trabajar muy joven y no fue a la escuela. Tiene 32 años, tres hijos y además de trabajar en el campo, gana unos soles peruanos haciendo jornales en la construcción.

“Yo no pude ir a la escuela, pero Yolanda, mi señora, terminó 3er grado de primaria. Quisiera que Ronald aprendiera quechua en la escuela y que algún día llegue a casa la electricidad. No tenemos desagüe, por eso cuando llueve el río crece y el agua llega hasta la casa. Pero nunca ha venido nadie del gobierno”, comenta.

Imagen: Ronald, en el centro, con sus hermanos y primos. (Juan Mercado/Global Humanitaria)