Educación de calidad contra el trabajo infantil

Estudiar o trabajar. Una disyuntiva para millones de familias en el mundo cuando piensan en la educación de sus hijos.  Una decisión difícil para muchos padres y madres, que a menudo se ven en el dilema de no poder prescindir del trabajo de sus hijos para la economía familiar.  Y sin embargo, y según las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, todavía 168 millones de niños son víctimas del trabajo infantil.

Estudiar y trabajar son dos caminos que la mayoría de niños y niñas no pueden seguir al mismo tiempo. Cuando esos niños están trabajando, disminuye su nivel de concentración y su rendimiento académico, sea porque faltan mucho más a clase o por el cansancio con el que llegan a las aulas los días que asisten. En países como México, cuatro de cada diez niños que trabajan no logran finalizar los estudios de secundaria, según el estudio “El Trabajo Infantil y el Derecho a la Educación en México”.

En el caso de las niñas la sobrecarga de trabajo es a veces mayor que el de los varones, ya que deben combinar labores agrícolas, estudios, trabajos domésticos y de cuidado. Este conjunto de situaciones tiende a producir el abandono prematuro del ciclo escolar para dedicarse al trabajo.

Los efectos del abandono escolar en los niños se multiplican con el paso de los años: Los niños que abandonan la escuela prematuramente obtienen peores trabajos y peores salarios que aquellos que completan, como mínimo, la etapa primaria obligatoria.

Un estudio realizado sobre la transmisión de la pobreza en Egipto, además, * reveló que 1) los padres que trabajaron de niños son más propensos a hacer que sus propios hijos trabajen, 2) tanto en zonas rurales como urbanas, el efecto se duplica cuando es la madre, y no el padre, quien ha trabajado en la infancia, y 3) los padres que han empezado a trabajar a una edad más temprana tienen más posibilidades de hacer trabajar a sus hijos.

Por el contrario, tal como destaca la OIT, la permanencia de los niños -y sobretodo las niñas- en el sistema educativo, es la medida más eficaz para apartar a la infancia del mercado laboral.

La erradicación del trabajo infantil pasa por una educación de calidad, gratuita y obligatoria para todos los niños hasta por lo menos la edad mínima de admisión al empleo. Este llamado no es baladí, tal como recoge también esta agencia de Naciones Unidas, ya que solamente un 60% por ciento de los Estados que han fijado tanto la edad mínima de admisión al empleo como la edad a la que cesa la obligación escolar han alineado ambas edades, con lo que muchas políticas nacionales no son coherentes.

Al mismo tiempo, la OIT anima a los estados a llevar políticas que garanticen el acceso a una educación de calidad e inversiones en personal docente, de forma que los maestros estén suficientemente formados para no socavar los progresos del alumnado.

Este 2015, la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil confluye con otras iniciativas de defensa del derecho a la educación, como la iniciativa Educación para Todos y la formulación de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible que deben suceder y culminar los retos que han dejado pendientes los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

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* J. Wahba: Child labor and poverty transmission: No room for dreams, ERF Documento de trabajo No. 0108 (El Cairo, Foro de investigación económica, 2001