Celebrar el consumo o celebrar la vida

Ya han pasado la Noche Blanca, el Black Friday y el Ciber Monday. Después de las manifestaciones del consumismo puro y duro llegará el consumo asociado a las efemérides vinculadas al calendario cristiano y al paso del año. Y después todavía  el Blue Monday.

Efemérides de este tipo dejan al descubierto cuán proclives somos, como sociedad, al consumo, y también la facilidad con la que es posible manipular al consumidor para provocar compras compulsivas en las que, en muchos casos, no existen descuentos reales en el precio e compra, tal como ha revelado la OCU. En 2016, de promedio,  se detectó una subida del 2% en el precio de la media de productos.

El consumo de productos superfluos ejerce una presión excesiva sobre los ecosistemas, explotando recursos por encima de su capacidad de renovación. También está en el origen de violaciones de derechos humanos vinculado con industrias extractivas y favorece, con la estacionalidad del consumo, el aumento de la precariedad laboral en fábricas y empresas, tal como ha denunciado el sindicato UGT junto a varias organizaciones sociales.

El Objetivo 12 de la Agenda 2030 insta a los Estados a garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. Se trata de hacer más y mejores cosas con menos recursos y desvincular el crecimiento económico del uso de los recursos naturales, pero también es un llamamiento a los ciudadanos y a las empresas para cambiar la forma de producir y consumir.

Unos datos para la reflexión

  • Si la población mundial alcanza los 9.600 millones de personas en 2050, para mantener el actual estilo de vida será necesario el equivalente a casi tres planetas.
  • Para el 2050, podría haber más plástico que peces en los océanos.
  • Cada año, alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos —el equivalente a 1.300 millones de toneladas, termina pudriéndose en los cubos de basura de los consumidores y los minoristas, o deteriorándose a causa de las deficientes prácticas de recolección y transporte.

Durante la celebración, por parte de Ecologistas en Acción, del Día Sin Compras, una jornada de huelga simbólica de consumidoras y consumidores que se organiza a nivel internacional en contraposición al Black Friday, Charo Morán, portavoz de la entidad, recordó que “consumir se ha convertido en una actividad en sí misma que nos lleva a olvidar nuestras verdaderas necesidades como personas.”

Necesidades reales vs necesidades ficticias

“Si antes se consumía para cubrir necesidades básicas (comprar comida, ropa…), actualmente la mayor parte de la actividad consumista tiene como objetivo satisfacer los deseos de los consumidores, que consideran necesarios los bienes que demandan“, argumenta Juan Pérez Ventura en El Orden Mundial del siglo XXI. Peró entonces surge la pregunta: qué necesidades son reales y cuáles son ficticias o inducidas? ¿Cómo discriminarlas?

Subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad forman parte de la matriz de necesidades humanas propuestas por el economista chileno Max Neef, con el objetivo de considerar un desarrollo a escala humana. Según Neef, las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Además, son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos, y considera que lo que puede cambiar, a través del tiempo y de las culturas, son la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.

Neef propuso también una tipología de satisfactores, entre las cuales aquellos que sobresatisfacen y dificultan la satisfacción de otras necesidades y los seudo-satisfactores, que etimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada, ambos generalmente inducidos a través de propaganda, publicidad u otros medios de persuasión.

Y de ello va el desarrollo sostenible, tal como fue definido ya en 1987 por el Informe Brundtland: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.

En la respuesta a la pregunta ¿qué necesito realmente? y en la toma de decisiones a favor de un consumo responsable y contra la compra impulsiva se encuentran las posibilidades de una satisfacción personal, verdadera, de las necesidades, pero también las de un desarrollo sostenible para todos, respetuoso con los límites del planeta y con la extensión de derechos para todas las personas.

Imagen: soldes, de Gerard Stolk en Flickr