“Aunque las mujeres en Costa de Marfil son actrices ineludibles del desarrollo del país siguen relevadas a un segundo plano”

Costa de Marfil es un país marcado por dos guerras civiles que entre 2002 y 2011 provocaron la muerte de más de 400.000 personas. Además causaron el desplazamiento masivo de miles de víctimas, privándolas de servicios básicos como la educación o la atención sanitaria.

Según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y Amnistía Internacional, aunque la impunidad de importantes violaciones de derechos humanos ya estaba presente antes del conflicto armado en Costa de Marfil, la situación se vio agravada por el completo desmoronamiento de un sistema de justicia que funcionaba en el norte del país. En este contexto, cientos de mujeres fueron secuestradas, violadas y sometidas a esclavitud sexual, especialmente en la zona occidental del país, con el objetivo de aterrorizar a la población civil.

En este post hablamos con Fatima Diabaté, Secretaria General de la Asociación de Mujeres Juristas de Costa de Marfil (AFJCI).

¿Cuál es la situación actual de la mujer en Costa de Marfil?

En Costa de Marfil el principio de igualdad entre hombre y mujer está consagrado en la primera Constitución del país y fue reiterado y reforzado en la Constitución del 23 de julio de 2000 que prohíbe toda forma de tortura y de violencia física y moral, mutilaciones y rebajamiento. Pero la realidad es que la mayoría de las mujeres tienen poco acceso a la información y desconocen sus derechos en un contexto institucional en el que faltan mecanismos y estructuras que tengan en cuenta el género, la igualdad y la justicia social entre hombres y mujeres.

Costa de Marfil participó en la IV Conferencia Mundial Sobre las Mujeres en Beijing en 1995 y se comprometió a poner en ejecución las recomendaciones de la susodicha conferencia y de asegurar su seguimiento. El Gobierno entonces tomó medidas de orden política, legislativa y administrativa para asegurar la promoción de la igualdad de género.

Sin embargo, a pesar de la existencia de una igualdad de derecho, la división de los poderes y las responsabilidades entre mujeres y hombres así como el acceso a los recursos económicos, sociales y culturales permanecen de manera nada igualitarios. Esto se debe a la persistencia de modelos tradicionales de reparto desigual de los roles entre hombres y mujeres que obstaculizan la promoción de la mujer.

Entonces, ¿cómo es el acceso de las mujeres a la justicia?

Aunque el artículo 20 de la Constitución dice que “Toda persona tiene derecho a un acceso libre e igual a la Justicia”, la realidad es bien distinta. Demasiadas mujeres, tanto en zonas urbanas como en zonas rurales, desconocen sus derechos y deberes, hasta los más elementales. Salvo raras excepciones, muy pocas mujeres se interesan por los asuntos jurídicos, ya que piensan que es un tema “de hombres”.
Los derechos de las mujeres no se respetan de manera sistemática, sin que ellas reaccionen. Muchas veces “se dejan hacer” simplemente porque ignoran las vías de recurso de las que disponen o porque consideran onerosos y complejos los procedimientos judiciales y lo más importante, porque son apuntadas por el dedo por la familia y por la sociedad como indignas e insumisas a las reglas tradicionales. Esta situación motiva que la mayoría de las veces exista una absoluta ausencia de quejas por parte de las mujeres y de sus familias cuando son víctimas de violencia o de algún tipo de abuso.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta Costa de Marfil para alcanzar la igualdad de género?

En la actualidad nos encontramos con numerosos obstáculos y el mayor de ellos podemos decir que es la pobreza, que afecta a las mujeres en mayor medida en su situación ya de por si precaria. También la tasa de analfabetismo es mucho mayor en el caso de las mujeres ya que se les niega de manera sistemática el acceso a la Educación, negándoles uno de sus derechos fundamentales. En el mejor de los casos, una vez escolarizadas es sumamente complicado que puedan terminar sus estudios.
Esto tiene terribles consecuencias, ya que las mujeres cuentan con una muy débil representación en los puestos de tomas de decisiones y además tienen un acceso mínimo a la economía debido a los derechos consuetudinarios. Las mujeres realizan muchas actividades no remuneradas, como es el caso de trabajos agrícolas y domésticos y cuando tienen salario, este es inferior al de los hombres.

El gran número de obligaciones y de cargas familiares, se convierten en un enorme peso que las mujeres tienen que soportar y que las aleja de la vida pública. Además las mujeres son víctimas de diferentes formas de violencia y aunque existen leyes que las protegen, muchas veces no se aplican por diferentes motivos.

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Fatimata Diabaté 1

Fatima Diabaté, Secretaria General de la Asociación de Mujeres Juristas de Costa de Marfil (AFJCI). Esta Asociación lucha contra todas las formas de discriminación contra la mujer y contribuye a la promoción de los derechos de la mujer, la familia y los niños y niñas, así como al establecimiento de la justicia igual para todos en este país.