Reducir la brecha en la atención de los trastornos mentales

En todo el mundo, las personas con trastornos de salud mental están expuestas a una serie de violaciones de los derechos humanos. Con frecuencia, la estigmatización que afrontan hace que se las margine socialmente y no se les dispensen la atención ni los servicios ni el apoyo que necesitan para desarrollar una vida plena en la comunidad.

Y no son pocos. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas experimentará un problema de salud mental en algún momento de su vida. Aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo padecen trastornos o problemas mentales.

En los países de ingresos medios y bajos,  entre un 76% y un 85% de las personas con trastornos mentales graves no recibe tratamiento, frente a un 35,5% en los países de ingresos altos, según un estudio de la OMS. 

Muchas personas caen en la pobreza al no recibir el tratamiento y la atención que necesitan. En algunas comunidades, las personas con trastornos mentales son expulsadas a las afueras de su ciudad o aldea, semidesnudas o vestidas con harapos. También son golpeadas, atadas o encadenas y se las deja sin comida.

“Hay muchas personas que desarrollan esos trastornos a edades tempranas y no reciben ninguna ayuda efectiva, del tipo que fuere, a lo largo de su vida“, ha recalcado la doctora Margaret Chan, ex directora de la OMS. Y cuando lo reciben, en muchos casos, es de escasa calidad por déficit de conocimiento o instalaciones para el tratamiento.

Las violaciones de los derechos humanos de las personas con trastornos mentales se producen en comunidades del mundo entero -en centros de salud mental, hospitales y en las comunidades en general. No es extraño que en centros de salud mental se coloque tanto a adultos como a niños en camas con barrotes, donde quedan encerrados, sin posibilidades de moverse, un día tras otro.

El estigma asociado a las enfermedades mentales empeora con la pobreza y con las crisis humanitarias: al sumar una nueva marginación a colectivos con mayores posibilidades de exclusión de sus derechos: mujeres, de ámbitos rurales, de minorías étnicas…

“Con frecuencia ( los profesionales ) no entendemos su necesidad de tener el control de sus vidas y sus cuerpos, al igual que le gustaría a cualquiera de nosotros”, explica el psiquiatra indio Soumitra Pathare. “Prescribimos soluciones con rapidez, pero a menudo no estamos dispuestos a escuchar sus voces ni a reconocer su identidad”. “No puedo soportar cuando la gente dice que tal o cual persona es un esquizofrénico, como si la enfermedad fuera su identidad “.

El Programa de acción para superar las brechas en salud mental de la OMS identificó una lista de 48 países prioritarios para reducir esta brecha, entre los que se incluyen la India, Costa de Marfil, Bolivia, Jordania o Camboya, entre otros. El Programa plantea incrementar los tratamientos farmacológicos y psicosociales de los tres trastornos mentales con mayor incidencia: la esquizofrenia, los trastornos bipolares y la depresión. También interviene en la incidencia de un factor de riesgo, el consumo excesivo de alcohol.

Frente al estigma que nace del desconocimiento, es necesaria la formación sanitaria para cambiar actitudes y mejorar la sensibilización. Y para evitar las violaciones de derechos humanos que sufren las personas con enfermedades mentales, la OMS recomienda:

Imagen: Sesión informativa sobre la depresión para maestros y habitantes de la Isla de Kumirmari, en los  Sunderbans de la India, con motivo del Día Mundial de la Salud (Global Humanitaria)