Alimentos para todos; intereses comerciales de unos pocos

La seguridad alimentaria, según el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), existe cuando se asegura que todas las personas tienen acceso a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias. María Helena Semedo, Directora General Adjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), aseguró hace unos días que en esta “época de cambios acelerados y sin precedentes, nuestra capacidad para proporcionar una alimentación adecuada, inocua y nutritiva de forma sostenible y equitativa es más relevante que nunca”.

Aunque en la actualidad disponemos de las herramientas para erradicar el hambre, todavía hoy en el mundo existen 805 millones de personas que no tienen alimentos suficientes para llevar una vida activa saludable. Esto significa que una de cada nueve personas sufre desnutrición crónica, mientras que el 30% del total de los alimentos que se producen terminan en la basura.

Entonces, ¿qué estamos haciendo mal?

Recientemente la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la FAO anunciaron que reforzarán su colaboración mutua en temas vinculados al comercio y a la seguridad alimentaria. Tanto Roberto Azevêdo (Director General de la OMC) como Jose Graziano da Silva (Director General de la FAO), manifestaron su interés por cómo los mecanismos comerciales y del sistema multilateral de comercio podrían ayudar en “la creación de un entorno global más favorable para la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible”.

Por otra parte y con motivo de la próxima Exposición Universal de Milán que se inaugura este mes de mayo bajo el lema «Alimentar al planeta, energía para la vida”, la Comisión Europea ha anunciado la apertura de una consulta a través de internet sobre cómo la ciencia y la innovación pueden ayudar a garantizar alimentos “seguros, nutritivos, suficientes y sostenibles” a nivel global. Esta consulta estará disponible hasta el próximo 1 de septiembre, y sus resultados se publicarán el 15 de octubre, antes del Día Mundial de la Alimentación.

Franz Fischer (Director del comité científico de la UE en la Expo de Milán) insiste en que “la ciencia, la innovación y la tecnología son cruciales si queremos garantizar el acceso a unos alimentos nutritivos para todos, producidos de manera sostenible”.

No obstante, grupos ecologistas, diversas organizaciones de agricultores, entidades dedicadas a la cooperación internacional y plataformas ciudadanas advierten que se puede convertir en un arma de doble filo. Sobre todo con la utilización de Organismos Modificados Genéticamente (OMG) o alimentos transgénicos que puede acarrear riesgos para la salud y el medio ambiente, tal y como advierte entre otras organizaciones Greenpeace.

El pasado 22 de abril, la UE presentó una revisión de los OMG. La novedad que plantean es que una vez que se haya autorizado un alimento o pienso en el conjunto de la Unión Europea, los Estados miembros podrán “excluirse voluntariamente” del permiso específico de ese OGM en su cadena alimentaria, siempre y cuando justifiquen su negativa. En la actualidad existen 58 alimentos y piensos transgénicos autorizados en la UE. “Es una farsa que deja el actual sistema antidemocrático sin tocar”, ha dicho la directora de política alimentaria de Greenpeace UE, Franziska Achterberg, que se queja de que la Comisión “seguirá ignorando la oposición mayoritaria” a los cultivos transgénicos.

Este es precisamente uno de los temas centrales que han dado lugar a movilizaciones e iniciativas contra el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea. Según sus precursores, este acuerdo pretende aumentar el comercio y la inversión entre la UE y los EE.UU. de manera que genere nuevas oportunidades económicas, de creación de empleo y crecimiento mediante un mejor acceso al mercado y una mayor compatibilidad reglamentaria y marcando una pauta en materia de normas mundiales.

En cambio diferentes organizaciones creemos que este tratado que por cierto, se está negociando con mucha por no decir total opacidad, va a producir el efecto contrario ya que se verían amenazados los derechos sociales, laborales, la soberanía alimentaria y el medioambiente entre otros. Tal y como señalan desde Ecologistas en Acción, “el TTIP afectará de muerte a la agricultura local y de calidad, al abrir la puerta de par en par a productos tratados con pesticidas, hormonas o de cultivos transgénicos”. Las protestas contra este tratado de libre comercio, se llevaron a cabo en 46 países de todo el mundo coincidiendo con el Día Internacional de las Luchas Campesinas.

El tema es complejo y debe abordarse desde diferentes frentes y con numerosos actores implicados. Mejorar el acceso a los alimentos nutritivos, poder participar en las decisiones que afecten al sistema alimentario, proteger el medio ambiente, potenciar un acceso igualitario a las tierras, valorar la diversidad o producir de manera sostenible y responsable, son algunos de los puntos clave a tener en cuenta. Tener voluntad, implicación y participación es fundamental, no obstante hace falta algo más y no todas las partes involucradas están el mismo nivel de compromiso cuando lo que impera son los intereses comerciales de unos pocos…