Alejar del trabajo infantil a los niños que viven en conflictos y catástrofes

Una parte importante de los 168 millones de niños involucrados en el trabajo infantil viven en zonas afectadas por conflictos y catástrofes. Una gran parte de ellos forman parte de los 21 millones de niños que trabajan en trabajos forzados o en régimen de esclavitud.

Cuando se produce una situación de catástrofe humanitaria, debido a causas naturales o humanas, los niños y niñas son sus primeras víctimas, y la educación una de sus primeros derechos que se ve conculcado. Las escuelas quedan destruidas o se interrumpen los transportes para llegar a ellas. Cuando muchos de estos niños se convierten en desplazados internos o en refugiados en otros países, aumenta su vulnerabilidad a la trata y al trabajo infantil.

Este año, la Organización Internacional del Trabajo dedica el Día mundial contra el trabajo infantil al impacto de los conflictos y catástrofes en el trabajo infantil.

Los Estandares Mínimos para la Protección de los Niños en Ayuda Humnitaria (CPMS, según sus siglas en inglés), establecidos en 2012 por los integrantes del Child Protection Working Group, establecieron la necesidad de centrar los esfuerzos de la ayuda humanitaria en aquellas formas de trabajo infantil consideradas como las peores, en particular en aquellas que están relacionadas o están agravadas por la situación de emergencia: el trabajo esclavo, el tráfico con fines de explotación, las actividades ilegales y los trabajos peligrosos que ponen en riesgo la salud, la seguridad o la moral de los niños y las niñas son estas consideradas peores formas.

La experiencia humanitaria demuestra que las situaciones de conflicto y emergencia agravan la escala y la severidad de las formas de trabajo infantil preexistentes antes de estas situaciones. Después de vivir la situación de conflicto o de emergencia, los niños y niñas quedan más desprotegidos: a menudo quedan lejos de sus familias y a cargo de parientes, cuando no solos. El conflicto aumenta la probabilidad de que cualquier trabajo que hagan ponga en riesgo su salud o educación. Aquellos que ya trabajaban antes del conflicto se ven obligados a formas peores y más peligrosas de trabajo.

La encuesta sobre el trabajo infantil realizada por la OIT en Jordania en 2016 revelaba que el número de niños trabajadores en el país se había duplicado desde 2007 debido a la situación de los niños y niñas sirios refugiados en este país. Según el informe, los niños refugiados tienen la tasa de escolarización más baja, y sus salarios son más bajos que los de los los niños jordanos, un indicio de que ellos son más vulnerables a la explotación.

La eliminación del trabajo forzoso para los niños está relacionada con varios objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. En particular, el Objetivo 8.30 comprometió a los líderes mundiales a “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a la esclavitud moderna y al tráfico de seres humanos y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluido el reclutamiento y el empleo de niños soldados y para 2025 acabar con el trabajo infantil en todas sus formas”. Para ello, desde la OIT se ha impulsado la creación de la Alianza 8.7, que tiene como objetivo “acelerar los plazos, investigar y compartir conocimiento de cara al cumplimiento de este Objetivo.

En España. iniciativas como la Campaña Mundial por la Educación han recordado la importancia de mantener el derecho a la educación para los niños y niñas refugiados en situación de conflicto y también desde Global Humanitaria hemos presentado iniciativas a favor del derecho a la educación y contra el trabajo infantil con la campaña El Trabajo no es cosa de niños.

Imagen: Escuela improvisado en el campo de refugiados de Madaba, en Jordania (Global Humanitaria)