Agroecología y Agricultura Climáticamente inteligente

Actualmente casi 805 millones de personas padecen desnutrición crónica y aunque contamos con herramientas para erradicar el hambre, todo apunta a que la situación no hará más que empeorar con el cambio climático, una de las peores amenazas para la seguridad alimentaria. El modelo de agricultura convencional e intensiva en el uso de agroquímicos (también conocido como revolución verde) que pretendía ser un importante avance en la lucha contra el hambre ha recibido enormes críticas por parte de científicos, académicos, agricultores, ecologistas, la sociedad civil y movimientos por el cambio social en todo el mundo. ¿Pueden ser la agroecología o la agricultura climáticamente inteligente las soluciones?

El término agricultura climáticamente inteligente (CSA) fue presentado en 2010 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el objetivo de mejorar la capacidad de los sistemas agrícolas incrementando la productividad y la resiliencia, reduciendo los gases de efecto invernadero al tiempo que contribuye a la consecución de los objetivos nacionales de seguridad alimentaria y desarrollo. Además durante la Cumbre sobre el Clima en septiembre de 2014, la FAO lanzó oficialmente la Alianza Global por una Agricultura Climáticamente Inteligente (GACSA).

Sin embargo, justo un año después, diferentes organizaciones cuestionan sus beneficios. En una carta firmada en junio por 70 académicos,  se oponen al modelo de agricultura climáticamente inteligente y promueven la agroecología como alternativa.

La agroecología es un enfoque integral de la agricultura, basado en los principios de ecología, de la seguridad alimentaria y nutricional, así como de la soberanía y justicia alimentarias. Entre otras cosas, fomenta la producción local/nacional de alimentos realizada por pequeños productores y agricultores familiares, enriqueciendo los sistemas agrícolas utilizando y reciclando los recursos naturales.

En una declaración conjunta firmada por 320 organizaciones alrededor del mundo, se cuestiona que la definición de la “agricultura climáticamente inteligente” es demasiado amplia e imprecisa para ser beneficiosa; especialmente porque la definición otorga un margen para la introducción de prácticas nefastas a nivel social y medioambiental.  No hay criterios que definan qué es y qué no es “inteligente”, tal y como señalan Ecologistas en Acción.

En el informe “La agricultura climáticamente inteligente: ¿el traje nuevo del emperador?”  publicado por CIDSE, también se pone de relieve las preocupaciones y los defectos identificados en la Alianza Global GACSA.

“Si los gobiernos legitiman la Alianza y su concepto como las mejores formas de transición hacia sistemas alimentarios sostenibles y se incorporan en acuerdos y foros internacionales, se pondría en gran peligro el futuro de la alimentación y la agricultura, al igual que el futuro de nuestro planeta”, afirma Bernd Nilles, secretario general de CIDSE.

¿Qué modelo ganará? ¿Primarán los intereses comerciales? Los más vulnerables al cambio climático (pequeños productores y comunidades indígenas en los países en desarrollo) que dependen de la agricultura para su sustento,  ¿serán tenidos en cuenta?