Agricultura andina, agricultura de subsistencia, agricultura en potencia

Por Wilfredo Nina, técnico de proyectos de Global Humanitaria en Perú
En las últimas dos décadas el Perú ha logrado posicionarse entre uno de los diez primeros países proveedores de alimentos en el mundo. En este periodo se ha incrementado un 30% de superficie agrícola, y 50% más de superficie bajo riego, en este nuevo contexto, la agricultura logró “desarrollarse”, pero principalmente, por el fenómeno del “boom agroexportador” promovido por la explotación de grandes extensiones de tierra en manos de grandes grupos económicos.

Resulta paradójica y discutible esta realidad en un contexto como el de los campesinos altoandinos, la mayoría de los cuales viven en condición de extrema pobreza, y en el que el agricultor tipo sufre el flagelo de la carencia de alimentos, es pobre, no tiene educación primaria completa y vive con limitado acceso a la red pública de agua, desagüe y energía eléctrica.

El incremento de la demanda de alimentos en el mundo, la alta tecnificación de la agricultura, promovida con políticas de Tratados de Libre Comercio entre distintos países, son entre otros, responsables de este fenómeno exportador.

Si bien la Agroexportacion dinamiza la economía interna en el país por las divisas generadas, es sabido que genera, entre otras cosas, la dependencia respecto al capital foráneo y promueve la consolidación de los latifundios, en los que los más ricos acaparan las mejores tierras. Fomenta, además, la dedicación de regiones enteras a uno o dos cultivos, lo que a su vez genera un escenario de desertificación y degradación del recurso esencial para la producción agrícola, el suelo.

Pero si hablamos de agricultura en Perú con un importante peso económico y social hay que pensar en otro tipo, en la Agricultura Familiar, la menos favorecida desde el punto de la inversión, pero sin duda la que propone una esperanza con retorno al campo, al medio biológico, ahí donde muchos creen no existen oportunidades para lo que entienden que es “el desarrollo”.

La extensión del modelo de agricultura intensiva frente al tradicional de la agricultura familiar ha llevado a  alteraciones que se manifiestan en la degradación de la biodiversidad, la gradual desaparición de sus recursos agroecológicos, y la introducción de algunas tecnologías dentro de los territorios, cuya inocuidad y afectación no están claramente aun definidas, pero que, indefectiblemente afectan las condiciones de seguridad y soberanía alimentaria de sus poblaciones.

Y es que, la agricultura familiar es muy importante para el país, dado que produce más del 70% de los alimentos que consumen los peruanos, da empleo al 79% de la Población Económicamente Activa (PEA) del sector agropecuario, aquí el verdadero valor de esta práctica, sin mencionar que está estrechamente vinculada a prácticas de cuidado y preservación del medio ambiente.

La agricultura familiar es una opción viable en la reactivación de las economías rurales, genera estabilidad y arraigo social y encamina nuevos horizontes de desarrollo, sobre todo para la juventud rural, para la que es una vía para para remediar el envejecimiento de la población rural. Es un sector clave que debe tomarse en cuenta cuando se trata de erradicar el hambre y emprender el cambio hacia sistemas agrícolas sostenibles en el país y el mundo, en este escenario, los pequeños agricultores se destacan como actores principales para garantizar su seguridad alimentaria, la de su familia, su comunidad y su nación.

Las tierras en descanso, localizadas en los flancos andinos y las fuentes de agua próximas constituyen los activos, son el capital básico para emprender una agricultura sabia en potencia, donde la esencia de esta práctica sea saber criar y dejarse criar, fundamentada en el respeto por la vida y la madre tierra. En esta agricultura se fomenta la crianza heterogénea de caracteres genéticos con mezclas de variedades, las asociaciones de cultivos, el uso de abonos y repelentes naturales, y la recuperación de tecnologías ancestrales entremezcladas con el conocimiento agrícola más reciente, siempre en salvaguarda del medio natural. Esta agricultura viable estaba a medio dormir, pero puede despertar a beneficio ahora sí, de quienes la trabajen.

El sector de la agricultura familiar es ahora más que nunca una fortaleza y una oportunidad con la que se puede revertir la pobreza y devolver a la mayoría de la población el legítimo derecho a una alimentación con dignidad.Para ello, hay un conjunto de lecciones aprendidas de diversas experiencias exitosas en el país, y, tienen en común un enfoque participativo, multisectorial, con atención de la demanda real del productor, con promoción de la articulación al mercado y, el desarrollo de capacidades con base al conocimiento local.

Se trata de intentar que la agroecología sea una opción de vida para los pequeños productores de la región andina. Y aquí aún hay mucho por hacer todavía.